Durante mucho tiempo no he sentido amor ni nada parecido por mi madre.

Tengo 12 años. Mi madre me grita que he envenenado mis gachas, que se acaban de agriar, y me sacude por los hombros, exigiendo una confesión, porque el día anterior había tartamudeado que me gustaba la química.

A los 14 años, me enamoré de un compañero de clase. Los primeros sentimientos, ramos modestos y besos castos. Mi madre grita por teléfono a los padres de mi novio que me echen. Ruge, mi compañero de clase comienza a rehuirme y empiezo a comprender la crueldad del mundo exterior.

La edad adulta. Mi madre pone condiciones sobre dónde debo ir a la escuela. Mi deseo de ir a la universidad se comenta sin palabras: una bofetada con una toalla mojada después de lavarse.

Me escapo a mi abuela, que me da dinero de sus modestos ahorros y me bendice para ir a la universidad. Esa misma tarde, desaparezco de la ciudad con una pequeña suma en el bolsillo y los documentos que había traído cuidadosamente de casa, huyendo hacia mi abuela.

Estudiar en la universidad. Llamadas poco frecuentes a casa. Me entero de que mi abuela está en el hospital. Otra llamada anuncia un ultimátum: o dejar la universidad (en cuarto curso) y volver a casa, o no volver. Al preguntar por la salud de la abuela, se repite el ultimátum.

Mi futuro marido trae a mi abuela a nuestra boda. Mamá, al enterarse de que no la hemos invitado, me envía maldiciones e insultos. Para interrumpir esta “fuente”, digo que la conversación se grabó en la grabadora incorporada. Tras una pausa, añado que hace mucho tiempo que no siento por ella, ni siquiera amor, sino cualquier sentimiento afín. Finalmente, nos explicamos.

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Durante mucho tiempo no he sentido amor ni nada parecido por mi madre.