Este año me han vuelto a “obligar” a otro alumno. O debería decir, una estudiante. Unos parientes muy lejanos sin mí decidieron que su hija, una futura estudiante, puede quedarse conmigo.
Pero por alguna razón se olvidaron de decírmelo y preguntarme si es posible.
El año pasado recibí una llamada de un pariente lejano que me propuso que su nieto se quedara conmigo mientras estudiaba en nuestra ciudad. Hasta que le encontraran un lugar donde vivir.
Naturalmente me negué, y no entendieron por qué y se ofendieron. Sí, y todos los parientes despotricaron: “¡¡¡qué mala y poco hospitalaria soy, y teniendo un gran apartamento de dos habitaciones!!! no podía entrar en nuestra posición e instalarse en la suya.
Sí, así de malo soy. Y ahora la historia se repite. Esta vez no es el nieto, sino la hija de un pariente muy lejano por parte de mi papá. Nuevamente recibí una llamada de un número que no conocía. Contesté enseguida. Y de nuevo:
– “¡Sólo tú puedes ayudarnos! Mi hija va a estudiar en la ciudad, así que necesitamos un apartamento…. Y hemos pensado en ti… Tienes un piso de tres habitaciones, deja que nuestra hija se mude contigo por un tiempo…. Ella no tendrá muchas cosas con ella… Le llevaremos las de invierno más tarde… ¿Tienes una cama extra o un sofá?… Asegúrate de que no se meta en malas compañías y que coma bien… No sabemos cuánto tiempo, pero que se quede… ¿De acuerdo? ¿Estás de acuerdo?”
Entiendo que hayan decidido poner a una chica en mi casa. Pero ya sé qué responder en estos casos, lo he aprendido. Respondo:
– “En realidad, no es bueno. Y no estoy de acuerdo. ¿Y no te has olvidado de preguntarme? ¿Quién me está dando la vuelta a la tortilla otra vez? ¿Han entrevistado a todos los demás parientes para “vivir indefinidamente”? ¿O sólo soy yo? ¿O soy el único que vive en la ciudad y de todos mis parientes tengo un apartamento de dos habitaciones? ¿Cuánto tiempo más podemos seguir? ¡Ya estoy harta! ¡Alquilar un apartamento o comprar una habitación, después de todo! En mi opinión, el año pasado dejé claro a todo el mundo que no podré vivir allí. Además, ni siquiera sé quién eres. Que tengas un buen día”.
Apagué el teléfono. De verdad, ¿cuánto tiempo más? No voy a tolerar en mi propio apartamento a personas que no son de mi familia, aunque sean parientes. Y no importa si son lejanos o cercanos.
Tengo derecho a mi espacio personal y a mi intimidad y a disponer de mi apartamento como me parezca. No tengo que dar explicaciones a nadie.
Eso me recuerda a cuando: “Hola. Nuestros amigos de los amigos de tus parientes lejanos sin sentido dijeron que podíamos quedarnos en tu casa.






