Mark pasó su infancia soñando con ir a la ciudad. Cuando su sueño se hizo realidad, se dio cuenta del error que había cometido.

Mark nació en un pueblo y allí pasó toda su infancia. Fue criado por su madre porque su padre murió mientras trabajaba en el bosque cuando ella estaba embarazada. Mark creció como un chico amable y educado. Cuando cumplió 18 años, se fue a la ciudad para buscarse una profesión. Sin embargo, todos sus parientes le disuadieron de este viaje: decían que podía encontrar trabajo en el pueblo. Pero él no hizo caso a nadie.

Su madre tampoco quería dejarle marchar, porque era su único apoyo y su columna vertebral. Mark terminó la universidad y aprendió a ser mecánico de coches. Empezó a trabajar y enviaba la mayor parte de sus ingresos a su madre. Se casó, pero se divorció al cabo de 5 años. Su mujer no le apreciaba, decía que no tenía suficiente dinero. Pero Mark era apreciado por sus amigos y parientes. Pero no le gustaba la ciudad. No podía vivir en lugares donde todos los problemas se resolvían con dinero.

Su madre le escuchaba por teléfono y le decía: “Entonces vuelve al pueblo. Aquí hay mucho trabajo. Y si estás pensando en buscar esposa, Rebeca es buena para ti”. A Mark también le gustaba Rebeca, pero su segunda mujer también era de la ciudad. Le dejó por otro hombre, también por falta de dinero. Ahora Mark tiene 40 años. Se fue al pueblo y consiguió trabajo en un aserradero. Pero lo más importante es que es feliz. Por fin ha comprendido el significado del dicho “donde naciste, para qué estás hecho”. Se casó con Rebecca. Tuvieron su primer hijo. Pero lo más importante para Mark es que su madre es feliz.

 

 

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Mark pasó su infancia soñando con ir a la ciudad. Cuando su sueño se hizo realidad, se dio cuenta del error que había cometido.