– Mamá, tengo que decirte algo -dijo Lucy-, estoy embarazada.
– ¿Qué? Sí, ya lo creo, -replicó Sarah.
– No estoy de broma. Estoy embarazada. Me he hecho cuatro análisis y los cuatro han dado dos rayas -dijo la chica sin un ápice de compasión.
– ¿Cómo que embarazada, Lucy? Tienes 16 años, ¿estás loca? ¿Qué “embarazada”? ¿De tu Adán, supongo? – gritó la mujer agitando las manos-.
– Nos queremos. Él no es culpable de nada. Nos casaremos y todo irá bien, ya lo verás. No dejaré a Adam, y él no me dejará a mí.
– ¡Ya lo veremos! Tengo tal posición en la ciudad, cómo te atreves a manchar mi nombre. No dejaré que arruines lo que he construido toda mi vida. Mañana iremos al hospital e interrumpirás el embarazo.
– ¡No va a ocurrir! – Lucy gritó y se fue a su habitación, dando un fuerte portazo.
Lucy fue a la consulta del médico para una revisión y su madre la acompañó a explorar. Cuando su hija salió de la consulta, la madre se enteró de que la fecha prevista del parto no le permitía interrumpir el embarazo. Sólo era posible dar a luz. Entonces la futura abuela urdió un terrible plan. Decidió enviar a su hija a casa de su hermana, que vivía en otro pueblo, para que no apareciera ante los ojos de todo el pueblo. Lucy aceptó.
Hacía unos días que había hecho las maletas para huir con su amante de su madre y lejos de su ciudad, pero su madre se arrodilló y mintió diciendo que había cambiado de opinión, y que incluso sería feliz si su hija le daba un nieto. Lucy aceptó irse a vivir con su tía. No quería volver a poner de los nervios a su madre y, además, allí estaba más segura.
Lucy dio a luz allí, y entonces los escenarios de su madre empezaron a hacerse realidad. Al bebé de Lucy se lo llevaron enseguida, ni siquiera la dejaron mirarlo. Nació un niño de ojos azules, una copia de su padre. Lo entregaron a otra familia, y a Lucy le dijeron que el bebé no había sobrevivido: una terrible enfermedad no era compatible con la vida. La madre de Lucy estaba exultante. Todo había salido como ella había planeado, pero no sabía hasta qué punto había arruinado la vida de su hija.
Lucy no entró en la universidad favorita de su madre, porque suspendió los exámenes escolares. La chica se encerró en sí misma y sólo a los 30 años decidió acudir a un psicólogo. Nunca volvió a intentar construir una vida personal. Toda su vida se fue al garete.
¿Qué pasó con el niño? Vive una vida feliz en una familia feliz. No sabe lo que pasó el primer día de su vida, y su madre nunca se enteró de que había dado a luz a un niño fuerte y sano. Este secreto se lo llevó la abuela del niño al otro mundo.






