– ¡Deja en paz a mi hijo! – exclamó la madre de Sam desde el umbral.
Melanie vio a la mujer por primera vez. Antes, sólo en fotos.
– Y decidimos comprometernos -casi susurró la chica confundida.
– ¡Lo decidieron! ¿Me lo han pedido? ¿O es que llevo diez años trabajando duro para que mi hijo traiga una mendiga a casa? ¿Qué se han comprado tus padres? ¡Un apartamento de dos habitaciones en una casa de paneles! Y yo le compré a mi hijo una mansión en un edificio nuevo, con muebles importados. Compré un coche. Las cosas buenas deben venir a las cosas buenas. Encontrará un buen partido. Y tú, chica, sal de nuestro camino.
– ¿Es tu decisión o la de Sam?
– ¡¿Quién se lo va a preguntar?! ¡Haré lo que yo diga! Dando un portazo, la mujer salió furiosa del apartamento. Él la estaba esperando en el coche.
Después de volver en sí, Melanie llamó a su amante.
– ¿Qué hacemos? – preguntó desesperada. – Estoy esperando al bebé.
– Ya ves que mi madre está en contra de nuestro matrimonio. Y el bebé… No sé qué hacer…
– Voy a dar a luz…
Unos días después, Melanie fue atacada por un ladrón. Aunque no había nada que robar. Le robó un móvil viejo, una cartera con unos cientos y las llaves de su piso. También la golpeó duramente. Melanie perdió a su hijo.
La atormentaba la idea de que ese “robo” no hubiera sido un accidente. Melanie intentó sonsacarle algo a Sam. Él le respondió:
– No deberías haber llegado tarde.
– Volvía a casa del trabajo”, se excusó ella.
Pero él ya había colgado. Y nunca encontraron al ladrón…
Guardaba su soledad como una joya de la que no podía deshacerse. No dejaba entrar a nadie en su destino.
– “Melanie, hija mía, no puedes vivir con una tristeza eterna”, suspiró su madre.
…Diciembre trajo la primera nevada. El sol se asomó. Era el día libre de Melanie. A mediodía fue al parque. Ya en la calle miró hacia atrás por no haberse llevado el móvil. Tiene que llamar a una clienta. Quiere que la peinen por la mañana. Necesita confirmar la hora. Pero no quería volver a casa. Dicen que da mala suerte…
El frío sol de invierno se apresuraba hacia la puesta de sol. El parque parecía encantador. – ¿Qué hora es? – se preguntó Melanie. Junto al banco, un niño golpeaba un cacahuete contra otro para atraer a una ardilla.
– Tienes las manos frías como el hielo”, intentó el padre quitarle las nueces al niño. Gritó.
– Perdone, dígame qué hora es”, Melanie se volvió hacia el hombre.
– En el reloj – el comienzo del invierno, – bromeó el desconocido. – Y efectivamente – son cerca de las cuatro. El niño miró a Melanie con ojos llorosos. Y apenas audible golpeó un cacahuete en un cacahuete.
– Y golpea más fuerte. La ardilla no oye. Así… Pero no había ninguna ardilla. El niño miró a Melanie decepcionado.
– La ardilla debe de estar tomando el sol en el hueco. Es la primera nevada. Aún no está acostumbrada al frío, congelada. Y la próxima vez vendrá a por nueces, seguro. Al niño se le aclaró la cara.
– Eres amable”, dijo el padre del niño. – Era nuestra madre.
– ¿Y por qué era ella? – preguntó Melanie desconcertada.
– Quería darle una hermanita a Max, pero…
– ¿Te llamas Max? – Cambió de tema, porque vio que su interlocutora lo estaba pasando mal.
Al día siguiente volvía a ir al parque a mediodía. Se metió unos cacahuetes en el bolsillo. Quería ver al pequeño Max. Y tal vez podría atraer a una ardilla.
… Melanie y George, que así se llamaba su padre, esperaban con impaciencia esas citas. No programadas. Como por casualidad. Ya Max no se escondía detrás de su padre cuando la veía.
…Un año después, a principios de invierno, en el parque, en el mismo lugar donde Melanie había hablado por primera vez con George, él le declaró su amor. Le propuso su mano y su corazón.
– Es el comienzo del invierno en el reloj. Que este tiempo sea el principio de nuestro destino”, dijo emocionado…
… En el centro comercial Melanie vio a Sam. Quiso dar la vuelta. Pero él caminaba hacia ella.
– ¿Qué tal estás? – Le preguntó.
– Я… Tengo una familia. ¿Y tú?
– Aún no me he casado. Lo siento por el pasado… Mi madre… ella quiere…
– Tengo que irme. ¡Que te vaya bien!
…Y así este noviembre ha llorado las lluvias. Como por arte de magia, diciembre ha brillado con sol.
– Chicos, prepárense para un paseo. Max, ¿dónde están tus mitones? ¿Los perdiste otra vez? Pronto estaremos cosechando”, bromea Melanie.
El parque estaba abarrotado después de la larga niebla y la lluvia. Melanie se detuvo en su banco “histórico”.
– George, ¿qué hora es? – se rió.
– Es el comienzo del invierno, según mi reloj.
– Y el comienzo de una nueva vida -dijo misteriosamente-. – Tendremos un pequeño o pequeña.
– ¿Y te quedaste callado?
– Esperaba decirlo aquí …






