El fatídico encuentro de Jessica tuvo lugar delante del supermercado. Se dirigía a la salida con sus bolsas y llovía a cántaros, así que no le quedó más remedio que esperar. Mientras esperaba, se dio cuenta de que había un hombre cerca.
– Nick, ¿eres tú?
– Sí, soy Nick…
El desconocido resultó ser un chico de una clase paralela, con el que había sido muy amiga en la infancia. La pareja se puso a hablar, Jessica le contó todo tipo de anécdotas de su infancia, a lo que Nick se limitó a asentir con una sonrisa.
Un día la citó en una cafetería al día siguiente y la llevó a casa en su coche. Este encuentro fue fatídico, porque la pareja iba a casarse dentro de un año, pero unas semanas antes de la boda ocurrió algo interesante.
La pareja estaba paseando por el parque, ambos se divertían y se admiraban mutuamente, excepto que Jessica había notado hacía tiempo que Nick parecía triste con ella últimamente. Ella pensó que se le pasaría con el tiempo, pero su mirada sólo se volvía más y más triste con el tiempo. Así que pronto decidió preguntarle qué le pasaba.
– Como ya somos pareja y la boda está a la vuelta de la esquina, no quiero que haya secretos entre nosotros, tengo que decirte algo.
Contuvo la respiración, preparándose para un resultado más agudo. La respuesta de Nick no fue menos sorprendente.
– Me llamo Nick, excepto Nick Johnson, y no tenía ni idea de quién eras cuando nos conocimos a la salida del supermercado. Me confundiste con otra persona, ni siquiera fui a tu escuela.
– Podrías habérmelo dicho enseguida, aunque no te llamaras Nick, te seguiría queriendo”, dijo, y luego abrazó al que pronto se convirtió en su marido.






