¿De quién es este sobre? – preguntó la chica al recién casado.
-¿De quién? – preguntó él.
-Y éste, precioso, rosa.
-No lo sé, -el hombre se encogió de hombros, -no me importa.
– “¿Cómo que no te importa?” – casi gritó la novia, – “aquí no hay dinero”, y abrió el sobre, rasgándolo un poco con resentimiento.
-¿Será que se ha caído? ¿No has mirado en el suelo?
La novia giró sobre sí misma, levantó el voluminoso dobladillo de su vestido de novia blanco y dijo.
-No me confundas, estaba abriendo sobres en la cama. Y definitivamente no había nada dentro. ¿Recuerdas quién dio qué sobre y qué regalos?
-Bueno… -el hombre empezó a estirarse, tratando de recordar-, todo salió bien, estoy contento -añadió, dando un mordisco a un bocadillo de caviar.
-No lo entiendes, ¡alguien vino, comió, se divirtió y ya está! Y no nos ha regalado nada!” – hizo un mohín la novia, -y son por lo menos mil.
-Pregúntale a tu madre, ella recogió el dinero en la bandeja, a lo mejor se acuerda o sabe dónde fue a parar.
-Tus padres y los míos no están hoy aquí, están de fiesta. Escucha, ¿quién estaba filmando por teléfono cuando se dieron los regalos?
-No lo sé.
-Seguro que fueron familiares los que dieron semejante sobre, se quejaron de que no tenían dinero, vendrían sin ramo. Cierto, – especuló la novia.
-No, me dieron un certificado para herramientas, estaba en un sobre amarillo, del mismo color que el logotipo de la tienda.
-¿Y quién entonces? Y en el chat de nuestra boda sólo hay fotos, ningún vídeo, ¿por qué nadie lo publica?”. – la mujer se puso nerviosa.
El marido, que seguía untando caviar rojo en el tercer trozo de baguette, no compartía la excitación de su mujer.
-¡Y tú sigue comiendo y comiendo!
-¡Tengo hambre, no he comido más que dos cucharadas de ensalada!
-Pero has bebido.
-¡Cuánto hay! -se justificó.
-Vamos a tomar esto, esto… -comenzó a sonreír y a guiñarle un ojo a su mujer.
-¿Qué quieres decir? Estoy contando el dinero.
-Bueno, dónde van a ir estos regalos, ya contarás mañana, -el marido la abrazó e intentó besarla.
– “Oh, no la toques, tengo que devolver el vestido, podrías romperlo.
Tendré cuidado, -el recién estrenado marido no se dio por vencido.
-¡He dicho que no!
-Todo está claro, mis bocadillos me están esperando.
La novia estaba nerviosa, contando dinero, desempaquetando regalos, esparciendo papel de regalo por toda la habitación. El novio comía sus bocadillos.
– “¿Estás durmiendo?”, preguntó la novia sollozando.
-¿Qué? No, no estoy durmiendo”, dijo el hombre, despertando de su siesta.
Otro sobre sin dinero, ¿cómo es eso?”, retorció el sobre azul en su mano alzada.
– “¿Oyes?” – preguntó el hombre, “¿es tu teléfono o el mío?
-No oigo nada, tengo entendido que nuestros invitados nos han dejado, ¿se imagina?, -empapándose la cara con rímel, la mujer no se detuvo. Cogió su teléfono y al ver que llamaba su madre, contestó.
-Sí, mamá.
-¿Has transferido ya el dinero?
-No, hay sobres…
-También puse el dinero para el niño y la niña en una caja de caramelos, ya sabes, de plástico, no la pierdas.
– “¿Qué dinero para el niño y la niña?” la mujer no entendía.
-¿Cómo? Recogimos en un sobre rosa que nacería una niña y en uno azul que nacería un niño. ¡Ganó la niña!






